El “ajiaco” de Anita
Una nueva crónica de Anita Snow, la jefa de la oficina de la Associated Press en La Habana, no hace más que confirmar mis sospechas: su mes de “racionamiento”, en que ha decidido someter su alimentación a los rigores de la libreta de abastecimiento cubana, es un pretexto para “despolitizar” el problema de la escasez en Cuba.
Snow escribe mientras ingiere su dieta de frijoles negros, arroz y espinacas hervidas, y esta comida humilde —y saludable— hace que rememore situaciones familiares, historias contadas por su madre, narraciones en que los alimentos no sólo sirvieron para nutrir el cuerpo, sino también el espíritu.
“Gran parte de esa alimentación simple con la cual mi madre creció y amó —quimbombó, boniatos, jamón y frijoles— es similar a la que ha nutrido las almas y los cuerpos de los cubanos durante siglos”, afirma.
“El verme obligada por este programa simple que me he impuesto voluntariamente, y preparando mis alimentos —escogiendo los granos de frijoles y arroz, y lavándolos cuidadosamente antes de ponerlos a la lumbre— sirve para que recuerde que la satisfacción de la más primaria de las necesidades humanas es mucho más que calorías, proteínas y carbohidratos”, añade la periodista.
Además del detalle circunstancial de que la corresponsal de la AP tiene una cocinera —¿disfrutará ésta de un mes de vacaciones pagadas en estos momentos?— o come a diario en restaurantes, asistimos a una clásica vuelta a la naturaleza del ciudadano de un país desarrollado. Algo que en ocasiones les ocurre a los que desde pequeños han conocido los supermercados llenos de alimentos y un día deciden experimentar una sensación nueva: un temporada breve en la miseria.
Aunque en lo emocional la nueva experiencia no la aparta del mundo norteamericano —potajes que le recuerdan los hechos por su madre, los boniatos cubanos parecidos a esas sweet potatoes de las cenas del Día de Acción de Gracias—, ha descubierto algo más en su primera semana de dieta: la comida no sólo sirve de alimento, sino para unir familias, culturas y a la humanidad en general. Por ese camino, no dudo que su propuesta final sea celebrar una gran “caldosa”, que jóvenes, viejos, todos mezclados, norteamericanos y cubanos, todos mezclados, comunistas y neoliberales, todos mezclados, castristas y anticastristas, todos mezclados, celebren juntos las bondades de la acelga.
Por lo pronto, dice haber renunciado al bisté grande y jugoso, en favor de una especie de ajiaco sin carne, que espera cocinar.
No es difícil encontrar en La Habana invitados siempre dispuestos a compartir una comida con una extranjera. Pero en este caso, el engendro que espera cocinar Anita no resulta de entrada muy apetitoso. Esa mezcla de todo tipo de frijoles en un plato único a mi —que debo agregar siempre he detestado la comida cubana—, me produce asco nada más que de leerla.
Desprecio el nacionalismo y rechazo el patriotismo. Ello no me impide considerar un insulto a los cubanos gran parte de lo que hasta el momento he leído sobre los devaneos de la corresponsal de AP con la conocida falta de alimentos que padecen los cubanos.
En primer lugar, el buscar la comida diaria en Cuba no es una experiencia que evoque recuerdos familiares ni históricos —el quimbombó de los esclavo cubanos, que la reportera ni siquiera sabe cómo escribir correctamente—, sino un duro ejercicio de sobrevivencia.
A esto se añade que esta búsqueda no tiene nada de espiritual ni alentador, sino que es agotadora, aburrida y en ocasiones desesperante.
Quiero sólo añadir en tercer lugar que la experiencia de supuestas comidas autóctonas —algo que carece de sentido en una isla que ha atravesado siglos de colonización e influencia extranjera— no pasa de ser una muestra de desconocimiento y pedantería. Nunca como ahora, sumida en un peregrinaje por una cocina y una dieta que desconoce, Anita Snow ha mostrado con mayor fuerza ser una extranjera, ignorante del país y su realidad.
Todo lo anterior, sin embargo, no pasaría de un ejercicio frívolo, si la corresponsal no se empecinara en ocultar el carácter político que representa buscar el alimento diario en la isla, desde el recurrir al mercado negro hasta la motivación para abandonar el país. Cierto que esta condición política de la comida no se limita a Cuba, pero el obviar cualquier señalamiento al respecto es más que hipocresía: confabulación y engaño.
Sólo espero que en las próximas semana un alma caritativa le regale un libro de cocina cubana, y otro de historia, a la periodista.
Receta de Anita Snow para el final de la dieta:
Un potaje de diez tipos de frijoles diferentes, desde lentejas, frijoles negros, blancos y colorados, garbanzos y cualquier otro tipo de granos que se encuentran en el mercado, hasta completar la cifra mágica.
En lugar de pan hecho con harina para acompañar el plato, pan de maíz. Si no es posible su elaboración, simplemente casabe.
Dejo a los lectores de Cuaderno de Cuba, lo que deben llevar los invitados a esta comilona. Me limito a una sugerencia: bicarbonato.
Ver la crónica de Anita Snow (en inglés) aquí.
Fotografía inferior: residentes aguardan su turno para comprar pan en una panadería habanera (Javier Galeano/AP).




7 Comments:
Armengol asere que fula te quedo eso de que "siempre has detestado la comida cubana", asere no te atraques que tu no eres mas cosmopolita que nadie...
Reflexiones de Anita Nieves
Quien se llevo los huevos que faltan? Helga Silva o Maria Elvira?
BUENO EN REALIDAD HAY ALGO QUE A MI ENTENDER ES ESTRANO.
Voy a referirme a la cacina de mi madre en Cuba y la voy a comparar con esta mesa en la foto. Mi madre y muchos cunanos mas(casi todos los de la Isla) no conocen el friega platos que hay en esta foto al final)Tampoco tiene agua de botellon. El pan por mucho tiempo fue algo esquisito para nosotros y en mis tiempos en Cuba en ese plato solo habia 4 bolitas de pan que es la cuota ( bolita por cabeza. En los anos 89 y 90 mi mama media con una regla en Panque que nos daban una vez cada tanto , para que todos alcansaramos la misma cantidad y a los dos ninos de la casa se le daban algunos centimetros extras.
Comer en cuba es una pesadilla y esta muy distante de ser algo saludable cuando tu dieta esta basada en Puerco y cosas de contrabando que escapan a cualquier control sanitario.
Como lees en el yougour de soya cuantas calorias o grasas saturadas hay. sin contar que desde que este es producido hasta que llega al vaso de mi madre, su calidad ha higiene habran desaparecido si es que alguna vez existieron. Espero que no tenga que tomar cafe en la babita de General Gomez en camaguey. y que si compra carne de Caballo en la calle no sea de un caballo enfermo. Algo si le puedo asegurar a esta senora si algo le falta para hacer su ajiaco puede contar con algo que en cuba sobra (los vecinos)asi que empieza a pedir por la tapia. Seguro que alguien aportara mas a este ajiaco de escaces miseria y hambre generalizada.
Que es lo que quiere esta mujer, que le cojamos lástima? que payasa es!
con lava vagilla, pomo de agua (igualito a cualquier casa cubana) y seguro con internet en casa, (igualito a liborio) jajajajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja
que risa me dá, dejame reirme para no encabronarme con su insulto!
Coincido con anonimo de las 10 y 20, eso de que detestes Armengol la comida cubana te quedo peor que si hablaras m... en el Vesailles de la 8. Esta bien que hayas cambiado tus habitos de alimentacion, pero expresate a la altura de tus neuronas, no oigas tanto Radio Mambi.
Pero bueno, ese no es el punto.
Es cierto que es una preocupacion diaria mantener la mesa servida en Cuba. Mas aun cuando el clima y la cultura heredada nos obliga a hacer mas de una comida (bien servida ademas) al dia. Y los intermediarios tropicales queriendo hacerce ricos con los precios que le ponen a las viandas y el acopio del estado, tan eficiente y buena paga por otro lado.
Pero Anita por Dios mija,si tus cronicas las publicaran en el Granma, es posible que la gente en la calle te coja una mala voluntad del carajo. Esa mescolanza de frijoles de donde la sacaste?
Mucho bicarbonato como sugiere Armengol. Ah y un libro de Nitza Villapol.
pepin-g
Sin entrar en un monton de consideraciones que pueden analizarse en torno a la problematica de la alimentacion en Cuba, creo que entre las cosas mas degradandes que pueda sufrir un ser humano esta el tener que emplear todas sus fuerzas, ingenio, inteligencia,tiempo, y hasta maldad, en conseguir aunque sea un boniato para llevarse a la boca cada dia de su vida.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home