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jueves 29 de marzo de 2007

Incorrecto


Confieso que nada me gustaría más que ver salir de la Casa Blanca al asesor presidencial Karl Rove, antes de que termine la nefasta administración de George W. Bush. Bueno, nada salvo el enjuiciamiento del Presidente por la guerra de Irak.
Rove representa gran parte de lo que odiaba en Cuba, y entre otras razones me llevó a abandonar la isla: la intervención de la política en todos los órdenes de la vida pública, el otorgamiento de cargos en base a la lealtad y no a los méritos y experiencia, el encubrimiento de la corrupción y los privilegios en razón de los vínculos partidistas, la injusticia y la mentira convertidas en razones de Estado.
Personalmente, Rove no resulta una figura tan desagradable como Dick Cheney. Mi impresión es que no se diferencia mucho de otros políticos y funcionarios de Washington, pero su historial lo muestra como un manipulador y hábil estratega político.
Hay dos Karl Rove.
Uno es el arquitecto de los triunfos del presidente George W. Bush. El organizador de una formidable maquinaria política que ha puesto en vigor la agenda neoconservadora. El estratega que llevó al predominio republicano en el Congreso, perdido tras la últimas elecciones de medio término, y el cerebro más astuto de Washington a la hora de elaborar los mensajes electorales más efectivos.
El otro Rove es un ser implacable, que ha perfeccionado el uso del rumor como arma política. El elaborador de las campañas más sucias de los últimos años y el funcionario que advierte y amenaza cuando se trata de imponer un plan y rechazar una opinión.
Rove no tiene dos caras. Es una figura que se admira o se odia. Alguien que no permite la indiferencia.
El “efecto Rove” lo han conocido por igual demócratas y republicanos. En las elecciones de 1994 para la gobernación de Texas, corrió el rumor de que la contendiente del ahora presidente Bush, Ann Richards, era lesbiana. Durante la batalla por la nominación presidencial republicana del 2000, se divulgaron mensajes de que el principal oponente de Bush, el senador John McCain, había engendrado hijos ilegítimos.
No bastó con esa falsedad. McCain se perfilaba como el triunfador porque había vencido a Bush en las primarias de New Hampshire. Se acusó al senador —piloto de combate durante la Guerra de Vietnam y que había estado preso en Saigón— de comunista, cobarde y colaboración con el enemigo. Tampoco fue suficiente y se agregó que su esposa era adicta a las drogas.
En la pasada contienda presidencial, se acusó al senador John Kerry —quien también había participado en el Guerra de Vietnam — de ser un comandante indeciso durante la contienda y luego aliado del enemigo.
En los tres casos el triunfo fue para Bush. En gran parte, gracias a Rove.
A los ojos de los norteamericanos, las figuras de Rove y Bush están íntimamente asociadas. Por eso, cuando Rove tiene dificultades, Bush también está en problemas.
Los problemas de Rove no cesan. Se ha librado de muchos. Pero vuelven a surgir.
Ahora aparece, una vez más, en otro escándalo.
Parece que su influencia ha resultado decisiva para la elección de jueces y fiscales federales. Rove se ha convertido en una pieza clave de la investigación sobre la destitución de ocho fiscales federales. Los legisladores demócratas y unos pocos republicanos se preguntan si las remociones obedecieron a intentos por impedir o lanzar investigaciones vinculadas a fines partidistas.
Estos legisladores quieren que Rove testifique públicamente y bajo declaración jurada. Sin embargo, la Casa Blanca sólo está de acuerdo en permitir una entrevista privada, sin que Rove tenga que declarar luego de prestar juramento.
“Siempre hay un componente de intriga, para bien y para mal, que rodea a Karl Rove”, afirmó Arlen Specter, republicano por Pennsylvania y la figura con mayor rango, dentro de su partido, en la comisión judicial del Senado, de acuerdo a una información de The New York Times.
Funcionarios de la Casa Blanca afirman que Rove fue sólo una voz más dentro del proceso de aprobación de fiscales federales, que tradicionalmente se guía por las recomendaciones de miembros importantes del partido del Presidente en los respectivos estados.
El problema con Rove es que ha llevado al extremo la influencia política. No quiere esto decir que antes de su llegada a la Casa Blanca, como compañero indispensable del presidente Bush, la política no influyera en la elección de cargos burocráticos y acciones y medidas que supuestamente debían estar libres de la influencia partidista. Es que nadie como él ha hecho por minar las barreras y convertir la presidencia estadounidense en una corte de amigos, asociados e incondicionales, con independencia de la experiencia necesaria para desempeñar una tarea.
No encuentro diferencia alguna entre tal actitud y conducta y el desempeño de los funcionarios políticos y de gobierno del régimen castrista. Rove hubiera sido un buen comisario político. Para nuestra suerte, nació y vive en Estados Unidos.
Fotografía: Karl Rove. (Mike Wintroath/AP)

6 Comments:

Blogger Fantomas said...

Rove representa gran parte de lo que odiaba en Cuba, y entre otras razones me llevó a abandonar la isla: la intervención de la política en todos los órdenes de la vida pública, el otorgamiento de cargos en base a la lealtad y no a los méritos y experiencia, el encubrimiento de la corrupción y los privilegios en razón de los vínculos partidistas, la injusticia y la mentira convertidas en razones de Estado.

Armengol aclareme algo, con respeto a lo que usted dijo en el parrafo anterior , no hubiese sido mejor haber puesto la palabra fidel castro en vez de la de Rove...solo una sugerencia?

8:26 AM  
Anonymous el mambi said...

Armengol: Coincidimos en la comparaciòn entre
Rowe y sobre todo Cheney, con muchos personajillos que padecen en nuestra Patria. Y quizàs sean peores que èstos, ya que aquellos lo hacen de gratis, por ansias de poder o alimentar su ego, con una dosis muy amplia de "doble moral".

Mi razòn en abandonar aquello, a pesar de lo còmodo que estaba, sobre todo se la debo a este prototipo de funcionario.

9:06 AM  
Anonymous Anónimo said...

Armengol estas lleno de sorpresas.
Buen Analisis.
Saludos Nelson.

9:41 AM  
Anonymous Anónimo said...

No hay santos en el oficio publico. En España se suele decir: "El que sirve, sirve; sino, para jefe". Nadie llego nunca a presidente de puro bueno que era; mucho menos en el pais mas poderoso del mundo, donde los intereses en pugna son descomunales. Los santos o mueren jovenes o viven vidas solitarias. A la cima, en politica, solo llegan los depredadores mas dotados.

9:53 AM  
Anonymous Anónimo said...

Hombre y para la mala suerte de USA cuyos gobernantes se pasan la vida diciendo que son los paladines de la libertad y metiéndose en la forma de gobierno o los asuntos de otros países extendiendo las dictaduras, las guerras y la miseria. Mientras en su casa la corrupción y el despotismo son los reyes de la política.

Un afectuoso saludo.

12:03 PM  
Anonymous Anónimo said...

Excelente comentario. Tengo la misma opinion sobre esta administracion.
Casualmente he mencionado opiniones similares a mis amigos aqui en USA que me preguntan sobre Cuba.
Esta administracion a tratado en varias ocasiones de influir en otras ramas del gobierno y manipulando la religion a su conveniencia.
Es triste. Aunque no es comparable al totalitarismo cubano, si pueden destruir las bases de esta sociedad por estos abusos de poder con intereses politicos.

2:57 PM  

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